Tenía seis años cuando pisé por primera vez un tatami. Desde el primer momento el judo me conquistó. Como era lo normal en aquella época iba a mi clase tres días a la semana, lunes, miércoles y viernes, que gracias a ese deporte se convirtieron en mis días favoritos de la semana. Que el judo me gustaba me di cuenta enseguida, en lo que no reparé hasta bastante tiempo después es que yo era la única chica de una clase, os aseguro, muy numerosa.

Años después cuando ya no podía vivir sin el judo en particular y sin el deporte en general formé parte del primer equipo femenino de judo en unos Juegos Olímpicos, Barcelona 92, hasta ese momento el judo, en femenino, no había sido olímpico.

 Reflexiono sobre las mujeres pioneras que abrieron un camino, en que a mí que fuí durante mucho tiempo la única niña de una clase y de un deporte que por aquel entonces era considerado un poco masculino, que el judo, mi pasión no fue olímpico para las mujeres hasta 1992, casi me pasa desapercibido.

He de reconocer que no soy muy pro de ciertos movimientos feministas, no me identifico con ellos, pero no podemos olvidar a todas las aquellas mujeres que lucharon por un camino de igualdad, un camino sin miedo, sin tabúes, sin estereotipos, un camino que nos lleva a un mundo llamado deporte en el que no existe el genero.

Nuestra misión, la de la mujer actual, es mimar ese camino y no hacer mal uso de lo recorrido hasta ahora. Ya no se trata solo de señalar las discriminaciones, que deben ser corregidas allí donde se den, se trata de mostrar y dar visibilidad a la forma de entender el deporte de muchas mujeres que hoy están aportando sus propias versiones, experiencias y éxitos en el mundo deportivo.

Continuemos trabajando y, no quejando, para ocupar el sitio que nos merecemos, que digan lo que digan queda mucho por hacer.

Sigamos dejando huella para que todas aquellas soñadoras y luchadoras, mujeres de carácter, tengan por donde pisar y sigan siempre adelante.

Yolanda Soler.