José Ángel Guedea Adiego

8º Dan de Judo – Árbitro Nacional – Maestro Entrenador Nacional

 

Notaréis cambios – Arajudo, enero 2013

En los tiempos en que yo era cinto azul o marrón, mi profesor Ángel Claveras había comenzado a impartir Judo en una guardería. Los niños tendrían cuatro años. En ocasiones lo iba a ver durante la sesión, incluso alguna vez me dejó encargado de impartir esa clase. 

Entonces yo no tenía ni idea de cómo hacer pero imitaba lo que él hacía, conseguía suplir a mi profesor como buenamente podía, trataba de que hicieran Judo, aunque no recuerdo bien lo que hacía ni que consiguiera nada, pero llenaba la hora y cumplía el expediente.

De allí fue de donde saqué la conclusión que empezar antes de los seis años no tenía mucho sentido y cuando Jesús Sánchez y yo nos independizamos y comenzamos las clases por nuestra cuenta e instauramos el club de Judo Las Fuentes decidimos que incorporaríamos solo a los que tuvieran seis años cumplidos. 

El profesor catalán Fernando Reyero (q.e.p.d.), decía en los cursos de entrenadores que la edad y el número de niños por clase dependía del hambre del profesor de Judo y de la necesidad que tuviera en ese momento. 

En este tiempo ya no por un hambre real, pero en este momento de crisis a veces nos lo pensamos dos veces antes de decir que no, a un papá que viene a apuntar a su niño.

Antiguos alumnos del club, cuando tienen niños con “edad de iniciarse” se pasan por el club  para informarse de horarios etc.…

Unas veces vienen de visita sabiendo que son pequeños con la esperanza de que les invites a venir y algunos tienen prisa por que comiencen.

Los que más confianza tienen contigo, los que han hecho Judo hasta hace poco, dan por contado que los coges y si pueden te los dejan en el tatami.

Y los admites y no se te ocurre negarte porque te producen una ternura especial. Y aunque no es así, los sientes cercanos como si fueran tuyos. 

Y cediendo poco a poco… “a la vejez viruelas…”y ahora me encuentro con un grupo de niños donde los mayores tienen cinco años y los más pequeños… tres.

Y ¡quién lo iba a decir! nunca pensé que iba a lidiar con niños de tres años en mis clases, porque siempre había sostenido que los seis años para empezar era la edad ideal.

“¿Haceremos cuerda?” Dice uno de ellos, expresión que refleja claramente su edad. 

Hacer cuerda para ellos implica aguantar colgados agarrados de la cuerda  que tenemos en el tatami, mientras los demás sentados alrededor contamos hasta diez. 

Esporádicamente surge alguno de cinco o seis años muy ligero, “con mucho nervio”, habilidoso y una fuerza inusual en las manos, que ayudándose con las piernas sube un tramo, ante la sorpresa de sus compañeros, y llega a subir hasta donde yo alcanzo, pues temo que puedan soltarse cuando están a una altura que no puedo controlar. 

Pero ahora soy consciente de ciertas cosas:

Si los cogemos pronto, ya tienen su deporte elegido y ya los tenemos nosotros. Dependerá en gran medida de como lo hagamos, de que sepamos engancharlos o no, para que les guste y se queden, o se cansen y busquen otra actividad. 

Y si no continúan los responsables seremos nosotros y habrá pasado nuestra oportunidad con ellos.

Cuando más agobio siento, es cuando en una clase hay mezclados pequeños de tres y cuatro años con algunos de cinco y seis, y entiendo que los “mayores” a veces aburridos no aprovechan lo que deberían.

Pero si están solos no hay problema.

Dedicamos la sesión a hacer Judo y todo es Judo. El Judo a esta edad no son solo técnicas y movimientos. En la clase de Judo todo es Judo.

Judo es la obligación que el niño ha adquirido de acudir al gimnasio el día que tiene Judo. Judo es entrar en el club, entrar “en el Judo” reconocer el olor, y sentir que aquello funciona de otra manera.

Judo es aprender a saber estar, aprender a vestirse solo y en el vestuario dejar la ropa ordenada y respetar las cosas de los demás. Judo es aprender a atarse el cinturón y saludar al entrar al tatami. Judo es mostrar un comportamiento adecuado sobre el tapiz, no gritar, no hablar en voz alta sin permiso, cumplir las indicaciones del profesor, no engañar en los juegos y cuidar y respetar al compañero…

Y Judo es también aprender a correr, saltar, esquivar, jugar con unas normas y cumplirlas, aprender las caídas y dar volteretas, coordinar los movimientos, conocer sus habilidades y sus limitaciones, tratar con sus compañeros y cuidarlos, conocer sus nombres, reconocer el esfuerzo y el cansancio… y superarlo.

“Jugando como cachorros” decía el maestro Chung, refiriéndose al trabajo de lucha en suelo, y como los niños cuando pelean en suelo se asemejan a una camada de cachorrillos jugando cerca y vigilados por su madre

Un padre cuando entra en el club y trae a su niño a hacer Judo no lo trae porque espere que vaya a ser campeón de nada, sino por lo que piensa que le puede aportar el Judo y por sus valores. Y si el padre ha practicado Judo mucho más

Cuando un niño que no conoces se incorpora al grupo, lo vas conociendo y conforme le conoces y tratas se va ganando tu cariño.

El niño de un alumno con el que has tenido una mayor relación juega con ventaja, porque desde el principio lo miras como algo especial, como algo tuyo.

Luego va a depender de él, de su forma de actuar y de comportarse, que tu relación con él sea mayor, se afiance y progrese o se estanque, pero de salida tiene más puntos.

Pero para estos pequeños, sean hijos de nuestros alumnos o sean desconocidos al principio  para nosotros, para estos pequeños que ya tenemos en nuestras manos, tenemos una herramienta de lujo como es el Judo y disponemos de toda nuestra ilusión, experiencia y ganas por transmitir y llevar a puerto…

Cuando yo empecé a hacer Judo, la Federación Española de Judo tenía un eslogan que decía: 

“Confíenos a su hijo, de él haremos un hombre” 

Era otra época y es lo que se decía. Ahora este eslogan a mi me parece fuera de lugar.

En estos tiempos yo lo cambiaría por:

“Confiadnos a vuestro hijo, notaréis cambios”

 

Hasta aquí el artículo “Notareis cambios”, que a principio de curso nos puede motivar a los Profesores, dar ideas, ayudar y dejarnos claro que a según que edades, todo lo que hagamos en un contexto de Judo, para nuestros niños no deja de ser Judo.

Y nuestro eslogan para este principio de curso puede ser:

“Confiadnos a vuestro hijo, notaréis cambios”