José Ángel Guedea Adiego
8º Dan de Judo

Próximos a empezar un nuevo curso, y aunque ya he tocado este tema en varias ocasiones, volviendo a incidir en ideas ya expresadas, voy a tratar de exponer aquí algunas que nos puedan resultar de interés.

Objetivos del Profesor: llenar las clases, que nuestros alumnos vuelvan, y que practicando, vayan haciendo bien los movimientos

Objetivos del alumno: Hacer ejercicio, aprender una actividad distinta, encontrar un nuevo ambiente, hacer amigos, pasar de grado, competir…

De los dos

Empezar las clases

Tener alumnos y que haya gente para poder entrenarse

Fijar objetivos físicos, técnicos, de competición, de obtención de grados…

Y ¿qué objetivos?

De manera general al encauzar otro curso, ver quién se va a poder examinar, quien va a competir, en qué nivel…

De cada sesión: acabar bien la sesión, cargarse de endorfinas y de buenas sensaciones

Que podamos oír: “Que bueno maestro”, “no hay nada comparado con esta sensación”, “que ganas tenía”, “qué falta me hacía esto”.

Para ello dosificar dependiendo de su preparación, de su nivel, conseguir que puedan hacer. Que se sientan motivados por volver. Que quieran volver. Que se encuentren a gusto. Entre todos, crear un ambiente. Los pequeños, que lo pasen bien y se sientan importantes. Que les guste y entiendan, que lo que hacen, está bien y reconocido.

Preocupaciones del Profesor de Judo al comenzar el curso

Preocupación y responsabilidad, es lo que sentimos todos los Profesores de Judo cuando nos enfrentamos a un nuevo curso. También sentimos, ilusión, incertidumbre, y ganas de empezar.

Ante el nuevo curso:

Como cada año, otra vez al tajo, aunque son motivaciones diferentes. Dependiendo de la edad, de la experiencia  y de lo ya conseguido.

Aunque siempre, preparando el club, y pensando en las clases, y en nuestros alumnos

Pero son preocupaciones distintas. Al principio, cuando empezamos, la responsabilidad no es la misma si vamos a empezar en un colegio, o si nos embarcamos en la aventura de acondicionar un local, con la idea de tener un club, por una cuestión de gestiones, papeleos y sobre todo económicas, siempre al empezar, aunque luego conforme vamos amortizando deudas, sea distinto.

Pero de cualquier manera, la preocupación habitual es tratar de hacerlo bien, no defraudar a nuestros alumnos, conseguir que no se aburran, mantener una ilusión…

Conseguir que se conformen los grupos, que vuelvan nuestros alumnos. Y siempre al comienzo de curso topamos con la incertidumbre de qué nos vamos a encontrar, quiénes van a volver, qué nuevos se van a incorporar, cómo se desenvuelven y qué pretenden los que empiezan y se incorporan este curso, qué objetivos nos vamos a plantear con ellos y les vamos a proponer.

Y nos ilusiona volver a encontrarnos con nuestros alumnos después del verano, y sentimos la responsabilidad de estar cada día, y de hacerlo bien. Que el club esté en condiciones, que los que vengan se encuentren cómodos. Conseguir que en cada sesión se cumplan objetivos. Que salgan contentos, y con ganas de seguir y de volver. Que nadie se haga daño. Que les guste lo que les damos, que se sientan bien. Que sientan formar parte de un grupo. Encontrar y conocer a los que empiezan nuevos, tratar de hacerles entender la dinámica de las sesiones, y que les guste.

Plantear con ellos objetivos, de obtención de grados, de competición, de hacer ejercicio, de pasarlo bien

Entender, como decía el maestro Leberre que, “le plus important, c’est ne pas se faire mal”. (Lo más importante, es no hacerse daño)

Y en torno a todo esto, entender y aceptar valores que emanan del Judo como respeto, orden, obediencia, amistad, voluntad, perseverancia, disciplina, generosidad… y en consecuencia aprender a respetar, a ser ordenados y a obedecer, además de hacer amigos, trabajar la voluntad y a ser perseverantes.

Y me parece oportuno, incluir a continuación un artículo que se subió en Arajudo en 2010, que habla de la autoridad del Profesor e Judo, y que viene que ni pintado para exponer aquí.

La autoridad del profesor de Judo. (2010)

Siempre recordaré hace años, un curso de Judo en Mauleón (Francia), que organizaba mi profesor Ángel Claveras junto con dos amigos profesores franceses.

Uno de los profesores franceses, comunicaba de manera especial la sensación de autoridad. Antes de iniciar la sesión y estando todos los niños revolucionados jugando por el tatami, aparecía en la sala y no tenía que hacer ni decir nada. Se detenía junto al tapiz y conforme advertían su presencia, los niños paraban, se iban callando y se colocaban progresivamente en la fila para saludar.

A mi la personalidad de este profesor, la autoridad que solo su presencia producía ante la clase me impactaba. No he podido olvidar esta imagen y siempre he pensado que es a lo que tiene que aspirar todo profesor de Judo, a conseguir de manera natural con su sola presencia, mantener el orden en la clase.

No se si con todas las polémicas actuales que existen sobre autoridad, con los problemas actuales que “sufre el profesor en el aula”, sea lo más indicado que trate yo este tema ahora, pero está comenzando el curso y me parece oportuno, crear inquietudes y aportar ideas que nos puedan ayudar.

Primero de todo, vamos a enumerar las características que según Rainers Martin (psicólogo deportivo), debe reunir un profesor de cualquier deporte: conocimiento del deporte, motivación por no dejar de aprender, y empatía.

Vamos a dar por sentado que el profesor tiene suficientes conocimientos de Judo, que está motivado por no dejar de aprender. Quedará el concepto de empatía, que es la facultad de identificarse con una persona o grupo de personas, ponerse en su lugar y percibir lo que sienten.

Y percibiendo lo que sienten, en el ambiente creado el profesor deberá aplicar la autoridad.

La autoridad del profesor es una autoridad moral, que viene avalada por sus conocimientos, por ser una persona que observa en cada situación una conducta adecuada, que sigue una línea de actuación coherente y que sabe comunicar.

Y todo esto, es lo que proporciona al alumno, la sensación de que el profesor puede aportarle algo, y es lo que hace que el alumno reconozca su autoridad.

Al hablar de autoridad, se generan otros conceptos como respeto, disciplina, convicción y competencia.

Consultando la definición de autoridad, el diccionario dice: derecho y poder de mandar y de hacerse obedecer.

La autoridad es efectiva cuando existe el respeto, y el respeto es muy difícil de imponer y de improvisar. El respeto no se impone, se gana, y empieza por respetarse a uno mismo y por respetar a los alumnos, tratando de crear un ambiente donde los alumnos se interesen, porque, “para aprender hay que entender y para entender hay que atender y nadie atiende si no está interesado por la materia.”

Hablando de autoridad y de respeto surge el término disciplina. Término que por las distintas connotaciones con que se ha tratado, en estos tiempos, está depreciado y parece que incomoda hablar. Y la disciplina no es más que una simple condición de trabajo. Es “el cumplimiento de unas normas de convivencia que atañen a todos, en beneficio de un bien común.”

En las clases de Judo coexisten dos tipos de disciplina (o condiciones de trabajo), una social (puntualidad, higiene, buenas maneras), y otra, disciplina de entrenamiento para que el grupo pueda progresar y cumplir sus objetivos.

Para ejercer la autoridad, el profesor tiene que estar convencido de su derecho a mandar. Derecho a mandar, que se fundamenta en primer lugar por el status que ocupa como profesor, y en segundo lugar porque tiene conocimientos que aportar y transmitir. Si el profesor es consciente de estas dos condiciones será más fácil que cumpla la segunda premisa que define autoridad, “hacerse obedecer”.

Y para hacerse obedecer el profesor de Judo tiene que estar seguro de su competencia. Competencia en lo que hace, competencia en lo que manda y competencia en cómo lo manda, desde donde se genera la convicción de que te van a obedecer porque el profesor está seguro de que lo que manda es lo correcto y el alumno percibe seguridad en que el profesor es capaz de aportarle conocimientos.

Cuando el profesor explica, el alumno capta el grado de fascinación que el Profesor siente por lo que está exponiendo, su nivel de seguridad y de preparación. Cuando no es así, también capta el miedo y la inseguridad del profesor inseguro y novato.

Esta convicción, esta competencia y ese mandar con empatía es lo que diferencia a un profesor de otro, y es lo que distingue a un profesor con mayor autoridad que otro.

Así como un competidor debe observar a otros competidores, analizar a sus rivales para preparar futuras competiciones y tiene que evaluar sus combates para sacar conclusiones para progresar, pienso que una forma de aprender y de formarnos como profesores aparte de asistir a cursos, es evaluar y analizar todas nuestras actuaciones cuando impartimos clase y si tenemos la posibilidad, ver y analizar como se desenvuelven otros profesores en sus clases, y fijarnos en su forma de “aplicar la autoridad”.

Y teniendo en cuenta sus aciertos, copiar y probar lo que queremos imitar y pensamos que podemos incorporar a nuestras clases, y tomar nota de lo que no nos gusta, para no reproducirlo nosotros.

Para concluir

Para que el profesor pueda ejercer la autoridad, tiene que existir un respeto, una disciplina (condiciones de trabajo), que facilite el ambiente donde los alumnos se interesen por la actividad, y el profesor tiene que estar convencido de lo que enseña, por lo que tiene que estar seguro de su competencia y mostrar una gran dosis de empatía en el momento de actuar.