
José Ángel Guedea Adiego
8º Dan de Judo
El Judo es un deporte de lucha, donde uno trata de aplicar sus técnicas para derribar a su oponente. Uno tira y el otro cae. En un combate de Judo, el que tira gana y el que cae pierde.
En nuestras clases y entrenamientos siempre suele haber distintos niveles. Nivel de edad, pues tratamos de que los más jóvenes se vayan integrando y practiquen con adultos y nivel de intereses pues siempre están los que se entrenan porque les gusta competir y los que simplemente vienen al club para relacionarse, practicar Judo y mantenerse en forma.
En un ambiente de grupo en que se trabaja buscando la progresión del conjunto, todos ganan, y eso se entiende, pero muchas veces existen rivalidades surgidas por la forma de conducirse de algunos incluso fuera del tatami, y que de alguna forma se “quieren zanjar” en el entrenamiento.
No siempre todos nuestros alumnos se llevan igual de bien con todos. Todos los judokas nos llevamos más o menos, aunque tengamos en ocasiones, más relación con unos que con otros. Dentro de un grupo de gente, se forman grupúsculos por edad, afinidad, amistad, educación, forma de ser y de pensar.
Para el Profesor, para el entrenador también, dependiendo de la entrega y de la forma de relacionarse y de entrenarse de los alumnos, cada alumno resulta distinto.
Primero, decía el maestro Henri Birnbaum, como todos pagan su cuota, todos son clientes, y tienen las mismas opciones. Luego, conforme van entendiendo, acatando las normas, y siguiendo las indicaciones y explicaciones del profesor, la relación es mayor y comienzan a ser alumnos, para muchas veces a través del trato, del interés que demuestran, de la comprensión y del tiempo que llegan a pasar juntos, consiguen conocerse e incluso llegan a hacerse amigos.
Durante una sesión habitual, el profesor tratará de seguir una progresión en la enseñanza y dar indicaciones técnicas generales que sirvan para todos, y tratará de corregir dando indicaciones técnicas puntuales a cada uno.
Un profesor de Judo, en el tiempo de randori, se enfrenta en ocasiones con el dilema de que tiene que corregir e indicar cómo tiene que hacer un alumno para tener mayor rendimiento y proyectar a su compañero, pero esta diciendo lo que tiene que hacer para proyectarle, “para ganarle”, y eso a veces el contrario, que también es alumno, puede no encajarlo bien.
El Profesor, aunque tratará de estar a bien con todos, está claro que se va a inclinar por el judoka que ve que se preocupa, que trabaja, que muestra interés, y que trata de adaptarse, corregirse y comportarse en el grupo, y que, si además tiene condiciones, le ilusionará observando su progresión y la posibilidad de que tenga resultados en competición.
Por el contrario, al que va a su aire y no hace caso, porque “ya lo sabe todo”, tratará de reconducirle, y si aun así, sigue a lo suyo, como entiende que va a ser una labor ímproba y en muchos casos, complicada porque no hace caso…, pues que siga a su aire.
Un entrenador que se ilusiona con su competidor, cuando empieza a tener resultados en competición, busca afianzar esos resultados y se preocupa porque se entrene más y mejor, fortalecer sus movimientos, y que tenga claro lo que tiene que hacer.
Y trabajando a ese nivel, tiene que hacer entender al competidor y al grupo que, “se compite como se entrena”, y que por ello esta situación hay que trabajarla y seguro que el entrenamiento puede resultar duro para aquellos que no están especialmente en esa onda, pero “el que algo quiere algo le cuesta” y el que quiera tener resultados en competición, tiene que planteárselo y es en el momento de entrenar, cuando tiene que hacerlo.
Y metidos todos en el mismo barco, todos se empezarán a beneficiar de la situación.
Porque si el objetivo es competir, el objetivo en competición es ganar, y como decía en un curso el maestro Chung: “en guerra no hay segundo”.
Y aunque resulte duro, poco a poco el nivel del grupo ira subiendo, se ira consolidando y todos se verán beneficiados de esa actitud y de esa forma de entrenarse.
El Profesor va conociendo cada vez más a sus alumnos. Con los que se preocupan más y van compitiendo, su relación se acentúa, pues tienen que plantear juntos sesiones, ciclos, temporadas, planificar la preparación física, evaluar actuaciones, sesiones, sistemas de competición… resumiendo que existe una relación mayor.
Y esa relación también se hace evidente durante las sesiones. El Profesor está más pendiente de su competidor, las correcciones son más frecuentes, las indicaciones, aunque muchas veces, las dice en voz alta y parecen que son para todos, él sabe porqué y para quien las dice, y el implicado como conoce bien las pautas de su entrenador, se siente aludido.
Dejando leer este borrador a mi alumno Saúl Crespo, me recuerda la expresión ¡y te vuelve a tocar!, que él me ha oído muchas veces, pues la he empleado a menudo en entrenamientos y competiciones, después de que un alumno o competidor proyecta y parece que espera a que mueva ficha su contrario.
Y como llevo escribiendo muchos años y he tocado todos los pitos, tratando este tema de “y te vuelve a tocar”, que escribí en 2014, me parece oportuno introducir algunos párrafos que señalan este artículo:
“En los combates de Judo en ocasiones pasa parecido. Uno ataca y marca y parece que los dos asumen que entonces le toca atacar al contrario y el competidor que va perdiendo se pone las pilas y llega a remontar.
Tenemos que, entrenando, trabajar esta situación y hacer entender a nuestro competidor, que al otro no le toca nunca.
Una vez que uno ha marcado tiene que saber aprovecharse de la situación. ¿Cómo? Manteniendo la misma actitud, aunque asumiendo menos riesgos y dado que el rival al ir perdiendo deberá atacar, hay que aprovechar todas las oportunidades que nos ofrezca.
Cuando nuestro pupilo ha marcado, tiene que continuar igual y si puede, volver a marcar. Si esta saliendo todo bien, ¿para que cambiar?, tiene que seguir todo igual.
En un combate no es una vez cada uno y no hay que dar opciones. Porque, aunque los ataques del contrario no sean especialmente peligrosos para derribarnos, nos puede lesionar. Y no hay que dar la ocasión.
Cuando nuestro competidor ataca y tira, la indicación apropiada que tenemos que dar es que ¡te vuelve a tocar!, ¡tu otra vez!, y trabajar esto en cada entrenamiento y en el club puede llegar a resultar duro.
Y aunque resulte duro, poco a poco el nivel del grupo ira subiendo y todos se verán beneficiados de esa actitud y de esa forma de entrenarse.
Tratando este tema en enero de 2010 Jesús Asensio colgó un artículo que le mandé titulado “Es bueno para todos”, que retrata esta situación, y que expongo a continuación:”
Es bueno para todos…
Desde hace tiempo he defendido y defiendo que hay que saber trabajar con todos y que de todos y con todos, se puede aprender y practicar.
También durante mucho tiempo en el momento del randori cuando hay mucha diferencia de peso o de técnica, o cuando un competidor adulto se pone con un pequeño o con alguien mayor, siempre advierto, “que es un niño…” o “que es ligero…” o “que es un veterano…”
Y procuro, hasta donde puedo para que todos, practiquen a gusto y aprendiendo Judo, salgan de la clase o del entrenamiento, contentos, satisfechos y con buenas sensaciones.
A mi regreso esta última vez que he estado en Japón, después de ver entrenarse a los japoneses y después de ver como practicaban con mi gente, soy consciente de que ha cambiado mi forma de ver las cosas.
Sostengo que de todos se puede aprender y que con todos se puede practicar y progresar. Considero que lo más importante para un judoka es no lesionarse y que para eso el judoka fuerte y de mayor nivel tiene que, a pesar de hacer fuerte, ser responsable y tener un “cuidado exquisito” en el momento de practicar, pero también entiendo, con todo lo duro que puede resultar, que es “todo un lujo” para los más jóvenes, más ligeros, menos fuertes o de menos nivel tener judokas fuertes en el entrenamiento que se muestren intratables en el momento del randori y no tener que “salir de casa” para entrenarse bien.
Muchas veces buscando un entrenamiento más intenso y eficaz, nos desplazamos a otro club, a otra ciudad, incluso a otro país donde podemos encontrar rivales más fuertes. Por eso aprovechar a los más fuertes del club es importante.
Al judoka fuerte del club también le conviene mostrarse intratable. Es valioso para él practicar y aprender en los entrenamientos a acostumbrarse a trabajar y a mantener esa actitud para saber emplearla en el momento de competir… “se compite como se entrena…”
La progresión natural en Judo, practicando con adversarios más fuertes, comienza por caer constantemente, continúa por caer menos y por comenzar a tirar y termina por tomar conciencia de lo que hay que hacer para no caer y por aprender y automatizar los gestos y los procedimientos con los que conseguimos tirar.
Si los japoneses al practicar con mis alumnos este verano no hubieran intentado tirarlos o hubieran hecho randori sin emplearse a fondo nos hubiéramos sentido defraudados, después de viajar hasta allí y… no aprovechar el tiempo…
Afortunadamente no fue así y pudimos vivir y sufrir los entrenamientos en Japón y con japoneses e iniciarnos en el proceso natural en la progresión de Judo.
Es por eso que cuando ahora en una clase o un entrenamiento, veo que un competidor fuerte se pone con un pequeño o un ligero y baja su nivel y “hace flojito”, lo que antes quizá me parecía bien y veía acertado, ahora recordando los entrenamientos en Japón, y aun sabiendo lo duro que puede resultarles, me sale indicar al fuerte en el momento de hacer con el pequeño, ligero o más flojo, que emplearse a fondo y mostrarse intratable en los entrenamientos “es bueno para todos…”






















