José Ángel Guedea Adiego
8º Dan de Judo

Me comenta David Crespo, que mi amigo y socio de toda la vida Jesús Sánchez, le ha informado de que un antiguo alumno nuestro, se ha puesto en contacto con él, para decirle que quiere retomar el Judo y pasar a cinturón negro.

Cuando David me dice su nombre, recuerdo que es nacido en 1977, lo que me indica que tiene 49 años, y recuerdo que de infantil, no hacía mal y era fuerte en su peso, que llegó a cinto marrón, pero que lleva sin hacer Judo, por lo menos con nosotros, entre 30 o 35 años.

Cuando David Crespo, que es el que ahora se maneja con el club, me pone al día, le indico que lo primero que tendrá que explicarle son los trámites burocráticos a los que deberá someterse: cuatro licencias consecutivas, cursos de Superación Técnica pertinentes, pero sobre todo, tendrá que dedicar horas a la práctica de Judo. Que deberá hacer Judo.

Hace unos años, un alumno que trataba de preparar el primer dan, después de reconocer los movimientos y practicarlos me preguntó: ¿qué me falta maestro? y aunque no confundía ningún movimiento, ante la falta manifiesta de forma, no pude más que contestarle: horas de Judo. Decidió aplazar la convocatoria y esperar a la siguiente y con más horas de Judo, finalmente obtuvo dignamente su primer dan.  

Ser cinto negro de Judo, supone todo un proceso de aprendizaje, y existe toda una metodología a través de una programación de movimientos, donde el color del cinto va cambiando con relación al nivel que nuestro judoka va adquiriendo, con un tiempo de permanencia determinado, que está perfectamente estudiado.  

Se comienza por aprender unos movimientos, saber cuales son y como se hacen. Empezar a practicarlos. Intentar hacerlos bien. Aspirar, a base de repetirlos, a empezar a sentirlos y a entenderlos. Eso se consigue haciendo, haciendo y haciendo… y es a base de repetirlos, cuando las principales y más importantes actitudes que el Judo encierra empiezan a aparecer, y respeto, orden, disciplina y responsabilidad, apoyados por los principales valores éticos, como son la amistad, la voluntad y la perseverancia, van formando y puliendo a nuestro judoka, técnica y éticamente.

Y que si lo deja siendo cinto marrón, y permanece años sin practicar, no puede esperar que al volver a ponerse el judogi se encuentre donde lo dejó, teniendo en cuenta que él ya no es el mismo. En realidad, es un volver a empezar en otra realidad, que dependiendo del nivel que hubiera alcanzado, resultará muchas veces, peor que si nunca hubiera practicado, pues empieza con formas, recuerdos e ideas que han podido quedar anquilosadas por la falta de práctica en su camino.

Y tocando este tema, me parece coherente incluir dos artículos con este trasfondo. “El paso de grado”, artículo que escribí en 2009 y se subió en Arajudo el 1º de mayo. Era una época en que yo estaba lleno de clases y rodeado de niños y con los problemas habituales que todos los Profesores de Judo tenemos a veces para hacernos con nuestras sesiones, y nos aprovechamos “del lamín” de pasar de grado. Y también “Horas de Judo”, que en 2024, subió Alfonso Escobar en RFEJYDA.

El paso de Grado.

Con el fin de curso llegan los exámenes. También en Judo. Llega el fin de curso y el momento más esperado por el judoka: el de cambiar el color del cinturón.

Los colores en Judo los instituyó el japonés Kawaishi cuando llegó a Europa y apreció que en occidente el judoka necesitaba una motivación diferente que los orientales para asegurar su progresión. Así agrupó los movimientos dependiendo de la parte del cuerpo empleada en realizarlos y los distribuyó según la dificultad que requería su práctica y su incidencia en la progresión del aprendizaje.

Pero además el color del cinturón para el judoka, tiene que definir a parte del conocimiento de una serie de movimientos, una actitud y un comportamiento en el momento de la clase de Judo primero, pero que tiene que ir impregnando poco a poco la personalidad del judoka y extenderse a su conducta y forma de desenvolverse en su vida.

Cuando un niño se adentra en el estudio del Judo y va adquiriendo conocimientos, comienza a entender que además de aprender unas determinadas técnicas, el Judo conlleva una nueva forma de comportarse y de actuar, en una primera instancia con él mismo, pero también con sus compañeros y profesores.

Así cuando observamos una clase de un grupo de Judo con judokas con cintos de diferentes colores, por el color del cinto podemos adivinar el tiempo de práctica y lo que puede saber cada judoka, pero de alguna manera también nos puede indicar el nivel de valores como respeto, orden, disciplina, responsabilidad… que han incidido sobre el judoka que se manifestarán en mayor medida conforme más oscuro sea el color del cinturón.

Y dicho todo esto, me gustaría exponer una forma de realizar el paso de grado que en un grupo difícil, a mi me ayudó a reconducirlo.

Avanzado el curso y pasada la semana santa, en una clase complicada, con niños en ocasiones malhablados, influenciados por programas televisivos, metidos en el engranaje actual de una sociedad permisiva y de unos padres tolerantes, y que a pesar de todo esto para esta fecha habían adquirido un nivel de Judo más que aceptable, pero que por su forma de comportarse no merecían “el regalo” de pasar de cinturón, les expuse lo siguiente:

El color del cinto del judoka, indica el conocimiento de un determinado número de técnicas, y la forma de realizarlas, pero sobre todo lo que tiene que indicar además siempre el color del cinturón, es una actitud y un comportamiento.

En una clase donde haya distintos niveles, se sobreentiende que los cintos más altos conocen más movimientos, pero que por haber practicado más y haberse entrenado más tiempo tienen una concepción distinta del grupo, del trato con sus compañeros, de la forma de relacionarse, de comportarse etc.

En definitiva el hecho de practicar Judo tiene que traducirse en una mejor educación y en un buen comportamiento, ya no solo en la clase de Judo sino en toda la vida del judoka.

Entonces lo que vamos a hacer es lo siguiente. El examen de cinto no lo vamos a hacer todos a la vez en un día, va a ser progresivo. Como seguro que en la clase hay judokas que observan siempre un comportamiento adecuado y no tienen porqué esperar, se examinarán primero y cada día examinaré a quién yo considere que lo merece por su actitud, interés, trabajo y forma de comportarse, no solo en ese día sino también en días anteriores.

Al que examine si aprueba, en ese momento yo le regalaré el cinturón que ya se podrá poner, ahora bien ese cinto seguirá siendo mío hasta el último día de clase y si observo un comportamiento incorrecto me lo devolverá y se lo guardaré hasta que lo merezca y deberá vestir al menos hasta final de curso su cinto anterior. Estará examinado y técnicamente le corresponderá el cinto al que ha pasado pero este curso y en la exhibición de fin de curso no podrá llevarlo…porque aún no ha demostrado que lo merece.”

Ese trimestre en que examiné cada día a unos pocos y preparamos la exhibición de fin de curso fue con diferencia el mejor trimestre del año con esa clase. La posibilidad de perder “temporalmente” el cinto y no poder lucirlo esos últimos días y en la exhibición delante de los padres pienso que fue la motivación para aprovechar mejor el tiempo, comportarse mejor y colocarlos en la situación ideal para dejar que el Judo actuase y consiguiese que se comportaran mejor dentro y fuera del tatami.

¿Que quizá no sea esta la mejor forma?
No lo se. A mi me sirvió para resolver una situación complicada.


Horas de Judo

¿Que me falta maestro?

Me pregunta un alumno cinto marrón, ya con sus años, del grupo de los matutinos después de realizar las tres primeras series del nage no kata, sin tirar, pues el que le hace de uke también tiene su edad, y no tiene porqué someterse a caídas innecesarias.

Y mi respuesta es: horas de Judo.

Los movimientos son esos, el orden es correcto, la ejecución sin tirar, no esta mal para el tiempo que lo llevas practicando, pero hay que demostrarlo tirando y falta forma general en la ejecución. Y ya no solo al hacer los movimientos, que también, sino seguridad en el momento de hacer el saludo, en calcular las distancias y en los desplazamientos.

En el poco tiempo que lo lleva practicando, ha llegado a conseguir no dudar qué movimiento es cada vez, y en que orden y como se realizan.

Pero falta forma. ¿Y qué es esa forma a la que me refiero, y que los que llevamos tiempo bregando en el tema, apreciamos siempre, cuando vemos cómo se desenvuelve un judoka?   

Y ¿a qué se debe esa falta de forma? A que lo ha practicado poco. A que apenas lo ha repetido. El Judo se aprende, el Judo entra, y se llega a sentir, a base de repetir. Y para progresar no hay secretos. Hay que echar horas, y ayudarse de los sistemas de entrenamiento que figuran en todos los manuales y que básicamente son: sotai renshu, uchi komi, yaku soku geiko, kakari geiko y randori.

Y ayudados en estos sistemas repetir, repetir y repetir.

Y para que el nage no kata salga con una cierta forma, hay que repetir, repetir y repetir, y no hay más historias.

El nage no kata es un compendio de fundamentos.

En el nage no kata está la base, el reflejo de todos los fundamentos que se dan en el Judo: Saludo-posiciones-desplazamientos-kumi kata-desequilibrios-movimientos y caídas

Hasta aquí el artículo, y para terminar comentar que, aunque se haya seguido una progresión natural hasta llegar a cinturón marrón, si interrumpimos esa progresión durante un tiempo importante de nuestra vida, perdemos la forma, la facilidad y la dinámica que vivimos en su momento para obtener esos primeros cintos, y no es de recibo pensar que va a ser fácil y rápido, porque “como ya soy cinto marrón, retomo el Judo y me saco el cinto negro”.