José Ángel Guedea Adiego
8º Dan de Judo

El pasado domingo 19 de abril, mi alumno David Crespo me manda un whatsapp comunicando que su alumna Daniela Cortés acababa de resultar campeona de España en los escolares celebrados en las Baleares. David lleva tiempo trabajando con esta judoka, que en las últimas Copas de España ya había resultado campeona, lo que hacía presagiar un posible buen resultado.
Y como en estos últimos años he seguido de cerca todo el trabajo y preocupaciones que David ha seguido con Daniela, y que de alguna manera, es algo que hemos vivido y vivimos todos los Profesores, y que en su momento ya lo escribí, me parece oportuno recordarlo.

Los otros campeones (Arajudo 2009)
Hay que tener presente que alrededor de cada medallista y siempre alrededor de un campeón, está su entrenador, su club, su familia y numerosos deportistas que enamorados del Judo y de la competición, se esfuerzan en el entrenamiento a veces con la misma dedicación e intensidad que ellos y quedando sin embargo en el anonimato.

Son los que en ciclismo llamaríamos «gregarios». Judokas con un gran nivel deportivo y humano, con mucha capacidad de aguante y espíritu de sacrificio y sobre todo con una gran ilusión (Entrenar cada día con un campeón requiere una gran dosis de fuerza de voluntad).

Son los que se entrenan con los campeones, y que por amistad, por cohesión de equipo, o por inercia dentro del club, colaboran en la preparación de los medallistas, y son los que con su esfuerzo, consiguen que los campeones puedan trabajar, entrenarse y tener resultados.

No cabe duda, de que los campeones tienen un talento especial para resolver los combates, pero tampoco hay que dudar que sin la colaboración de estos «gregarios», les resultaría mucho más difícil conseguir sus objetivos.

De alguna manera de cada medalla conseguida por un judoka, son participes y responsables de su éxito, a parte de la familia y su entrenador, estos incondicionales compañeros de club que en definitiva no son más que otros campeones anónimos.

Todos tenemos un poco de campeones (Arajudo junio 2013)
“Estoy nervioso”, decía antes de comenzar el pasado campeonato de España en Alcobendas mi amigo Julen Idarreta. “Parece que en esto nos vaya la vida, ¡y es solo un juego…! Luego volveremos a casa en tren, en coche…, mañana iremos al trabajo, a la Universidad y seguiremos con nuestras vidas…”

Esto decía Julen antes de empezar el campeonato. Julen Idarreta comenzó a hacer Judo en el Judo club San Sebastián, frente al puerto junto a la playa de la Concha. Un club de los primeros en España. La sala quizá no muy grande y con una columna en medio, pero con una ubicación envidiable frente al mar. Su profesor José Miguel Sanz, fallecido en accidente de tráfico, logró formar en ese tiempo unos judokas con buenos resultados en competición. Teresa Ortega y Julen Idarreta quizá fueron los primeros y a estos siguió su hermano Ion y otros más.

Mi amistad con Julen viene a raíz de realizar la final y me ganase, en el Campeonato de España Militar del Ejército de Tierra y de que nos concentrasen a los dos en la Escuela de Educación Física Militar de Toledo para preparar el campeonato de España ínter ejércitos. No se si la convocatoria duró quince días o un mes, pero ese tiempo en la mili da para todo, y nuestra misión allí era solo entrenarnos y preparar el campeonato de España ínter ejércitos.

Bajo la responsabilidad, y cuidados por el entonces capitán Juan Delgado Tostado, y entrenados por el maestro Macario García, que venía cada día desde Madrid, recuerdo esos días de mili, como “unas vacaciones” dentro del régimen militar que se nos imponía, y de entre todos los que estábamos concentrados allí, fue con Julen con el que estreché más lazos.

Y en el pasado campeonato de España escolar en La Coruña, he vuelto a sentir la sensación de nerviosismo a la que aludía Julen, de que nos iba la vida en ello a todos los entrenadores que allí estábamos implicados. Y no solo a los entrenadores, también y si cabe con más intensidad a los competidores.

Porque todos hemos ido con la ilusión de ganar. Todos nos hemos dispuesto y hemos preparado a nuestros judokas para la competición. Lo habremos podido hacer mejor o peor, nuestros judokas habrán encarado el entrenamiento con mayor o menor entusiasmo según en qué momento, pero seguro que entrenadores y competidores, hemos puesto interés y hemos dedicado tiempo, ilusión y esfuerzo para conseguirlo.

Y hemos acudido a La Coruña con unas expectativas. Los que ya habían conseguido resultados en ediciones anteriores, sabiendo como tenían que hacerlo, seguros de repetir. Los que participaban por primera vez, ilusionados por “estrenarse” y los que ya habían estado y no habían obtenido resultados, con la esperanza de esta vez, hacerlo mejor.

Pero parafraseando al entrenador de fútbol Boscov que decía eso de “fútbol es fútbol”, Judo es Judo y cuando se compite en Judo se enfrentan dos y solo gana uno. En cada peso en el campeonato escolar puede haber unos veinte participantes y solo hay cuatro medallas. Dieciséis se quedan fuera…

Pero todos vamos con la intención de ganar. En algunos casos, entrenadores quizá novatos, han encumbrado e ilusionado mucho a sus competidores y cuando pierden…llega la decepción y llegan los lloros.

“Yo ya he terminado” nos dice relajado, aunque es evidente que le gustaría no estar en esa situación, el judoka catalán Javier Cabello del Vital Esport, que ha perdido con el valenciano y que luego no ha pasado su combate.

Pero la entereza de Javier es la anécdota.
Porque hacía tiempo que no veía la imagen que he visto en La Coruña de tantos judokas llorando por los pasillos “entre bastidores”. Judokas llorando y entrenadores consolando, haciendo de psicólogos. Parecía un seminario de psicología y los entrenadores, los psicólogos en prácticas. En muchos casos, el entrenador quizá más desilusionado que el propio judoka, haciendo de tripas corazón, teniendo que darle la vuelta a la tortilla, consolando al competidor y tratando de hacerle ver el vaso medio lleno a pesar de haber perdido.

Voy a referir mi caso, que lo viví en primera persona. En esta ocasión yo solo había conseguido clasificar un chico y una chica. Que visto así seguro que no es lo mejor para un entrenador que siempre estamos deseando llevar muchos alumnos, y que puede resultar triste, pero llegado el momento de la competición, si el judoka va respondiendo, es un lujo tener solo un judoka del que preocuparte.

La mañana del sábado que competían los chicos, solo tuve que estar pendiente de él. Mientras calentaba con sus compañeros, pude tratar de buscar a su primer rival, y hacerme una idea y observar, los que era posible que le pudieran tocar, para poderle dar alguna indicación que le sirviera.

En las transiciones pude estar siempre a su lado. Simplemente en silencio, hablando si él quería, saludando a amigos…

En una fase final escolar todos los que están allí han tenido que luchar para clasificarse, y no hay regalos. Mi judoka tuvo tres combates difíciles. El primero, contra un canario del Furanka alumno de Francis Almeida, club que siempre presenta cadetes fuertes y complicados. El segundo con un madrileño del Budokan que dirigía Sacramento Moyano y el tercero con un valenciano zurdo alumno de Toni Valcaneras. Cito aposta los nombres de los entrenadores, porque de alguna manera su reputación avala el trabajo de sus judokas, y por supuesto, refuerza el del mío.

La semifinal le enfrenta al gallego Gaitero campeón de España del año pasado. En mitad del combate, perdiendo de wazari y yuko y viendo impotente como el combate se le va de las manos mi judoka me mira lloriqueando, ¡no es momento para ponerse a llorar!, le grito. ¡Hay que pelearlo! Y lo intenta, pero se come otro wazari…

Sale lloroso pensando que acaba de perder…y le intento hacer ver, que no es momento de compadecerse ni justificarse. Que tiene que conseguir sobreponerse, pensar en el bronce, centrarse y empezar otra vez.

No las tengo todas conmigo. Es un cadete, y no se hasta que punto va a poder asimilar tan rápido el repaso a que se ha visto sometido por Gaitero. Y el bronce lo va a disputar con el madrileño Andoni Peille, alumno de Quino…

En el combate para el bronce se muestra centrado, lo saca adelante y resulta tercero. Y tras ganar el bronce sale del tatami llorando como si hubiera perdido: ¿Por qué lloras? No lo se…, y no hay forma de que se calme. Pero ¡que has ganado! Ya lo se…, y sigue llorando…

Y entiendo que ese llanto es una consecuencia de la tensión acumulada toda la mañana, acrecentada y sin haber podido dar salida después de perder la semifinal.

Y después de asistir a esta competición, pienso que todos tenemos un poco de campeones.
Los que han ganado y han obtenido las medallas, porque han demostrado ser los mejores este día. También todos los que han participado, porque se han ganado el derecho a competir y estar aquí, en su autonomía. Sus compañeros de entrenamiento, que no han venido a competir pero que los sufren cada día.

Sus padres, que asombrados por cómo el Judo influye en la vida de su hijo, intrigados quieren entender más, y apoyan y acompañan a su hijo hasta donde haga falta.

Sus profesores y entrenadores, que contra viento y marea hemos ido casi hasta el fin de la tierra, Finisterre, en un fin de semana de viento, lluvia, granizo, nieve, sorteando accidentes… pasando en ocasiones malos momentos…

Eso si, una vez llegado, todo facilidades. Nada que ver con los inconvenientes que te encuentras a veces en otros campeonatos y autonomías que prestan más atención a temas de organización y normativas que a las personas. Mario Muzas, Presidente de la Federación Gallega y acostumbrado a organizar importantes eventos sabe que hacer para que te encuentres bien.

Y sabe conjuntar a toda su gente, encontrar su puesto idóneo, donde más eficientes se muestran para resolver situaciones, y consigue que todos nos sintamos cómodos.

En esta ocasión para el momento de la competición ha dividido el Pabellón en dos mitades. Una parte para espectadores, y toda otra parte solo para jugadores, entrenadores y organización. Mejor imposible…

Y durante la competición, salvando los inconvenientes propios de una competición de Judo, todo facilidades para entrenadores y judokas.

Y para terminar recordar a los judokas que no han sacado medalla, los daños colaterales que nos deja el Judo de competición directa o indirectamente en nuestro día a día: nos obliga a ser más ordenados, nos enseña a asumir responsabilidades, realizar sacrificios, nos aleja de otros ambientes, propicia la cohesión de equipo, nos proporciona amigos de verdad dentro y fuera de nuestro deporte, a parte del beneficio que la actividad física que la práctica del Judo nos reporta.

Y a entrenadores, padres, competidores, organizadores y todos los implicados, después de “nuestra participación” en este campeonato, hace que aunque no hayamos ganado medallas, después de haber llegado hasta allí, se pueda decir que “todos tenemos un poco de campeones”.

22-05-13