José Ángel Guedea Adiego
8º Dan de Judo

El pasado mes de febrero de 2026, tuvieron que ingresar a nuestro amigo Paco Gracia a causa de una neumonía aparte de otros problemas que arrastraba.

En ese momento y desde el club, David Crespo se puso en marcha y busco entre los titulados para poder sustituirle, y en los centros donde Paco impartía clases de Judo, se pudo seguir haciendo Judo con normalidad.

Lo que se llenaba de visitas cada, día era su habitación en el hospital, lo que a su mujer Merche, le hizo hecho decir, “es que esto del Judo es como una familia”.

Yo, al oír aquello recordé que en su momento escribí un artículo que trataba este tema. Lo busqué y resulta que es un artículo de octubre de 2013, y que titulé “esta familia que resulta ser el Judo”, y se publicó en Arajudo.

Y como entiendo que viene a cuento lo pongo a continuación.

Esta familia que resulta ser el Judo.

¿A alguien más se le ha hecho la clase tan corta como a mí?, dice Rubén al finalizar la sesión, en el momento de ponerse en la fila para saludar.

Rubén tiene 8 años, es cinto amarillo naranja y comienza su cuarta temporada de Judo. Es pequeño y delgado pero “tiene nervio”, lo que le hace ser uno de los pocos que con esa edad sube la cuerda con cierta facilidad ayudado de las piernas. En el Judo ha descubierto su deporte y subir la cuerda le da prestigio dentro del grupo.

Y no puedo menos que agradecer esa observación de Rubén aunque si soy sincero a mí también se me hizo corta. Es uno de los primeros días del curso, donde dedicamos tiempo a conocernos, en que trato de que cada uno tenga su momento de protagonismo, recordamos consignas, iniciamos con la ayuda de todos a aprender las caídas a los nuevos, y la hora pasa enseguida.

Y que sea una sensación general y que la exprese Rubén es lo mejor que pude escuchar al terminar la sesión. Y fue el mejor regalo que me pudo hacer Rubén.

Aunque esto no es siempre así.
Durante las clases, a veces un pequeño acalorado por los ejercicios del calentamiento, las carreras de los juegos, la actividad que desarrolla en los randoris te pregunta agobiado: ¿falta mucho?, y como es pequeño te lo quedas mirando tratando de entenderlo, e imagino lo que el maestro Navarro diría, quizá no a un niño, pero si a un adulto dirigiéndose y tratándole de usted: ya ha terminado.

Si es un poco más mayor, infantil o cadete si me pregunta ¿falta mucho?, me sale decirle: te puedes ir cuando quieras, si te quieres ir ya puedes hacerlo…, aunque luego no se vayan nunca.
Porque lo que no puede un profesor de Judo es tener en el tapiz a los alumnos en contra de su voluntad. Lo bueno que tiene nuestra profesión es que el que habitualmente viene a hacer Judo lo hace voluntariamente, y paga por ello.

Aunque en algunos casos no sea así. Algunos muy pequeños los apuntan sus padres y tienen más interés sus padres que ellos en estar allí. Te los encomiendan y pretenden que seas tu el que los convenzas y trabajes para que quieran estar. Y normalmente conseguimos engancharlos y tenerlos con nosotros mucho tiempo.

Pero como “para gustos están los colores” hay niños a quienes no les llega a convencer el Judo, y por no contrariar a sus padres, o porque no se atreven a decirlo abiertamente, se hacen molestos durante la sesión y a veces consciente o inconscientemente, complican la clase.

Nuestra misión como profesores cuando los tenemos sobre el tapiz es tratar de conseguir que les guste el Judo y es lo que conseguimos casi siempre.

Y no nos tenemos que sentir defraudados ni fracasados si un niño empieza y al tiempo decide dejarlo… Si cada niño que se inicia en un deporte tiene que practicarlo toda su vida sería estresante.

La vida de una persona se nutre de las experiencias vividas. Y estas vivencias son las que van formando y moldeando su personalidad.

El Judo es una escuela de vida que aporta al que lo practica, una gran cantidad de vivencias. Unas vivencias que integra en su vida y la completa.

Por eso es importante que los que comienzan a hacer Judo se mantengan el mayor tiempo posible. Cuanto más se impliquen en la actividad y más tiempo los tengamos con nosotros, más profundamente incidirán los valores que el Judo transmite en su formación y mayor influencia tendrá el Judo en sus vidas.

Pero lo que no podemos pretender es que todos los que se inician en Judo practiquen Judo de por vida. Algunos lo hacen, pero como todos los ordenes de la vida unos son más constantes que otros.

Lo que si que es importante, es que el tiempo que estén vinculados al Judo se llenen de sensaciones y vivencias… que siempre recuerden.

De esta manera tenemos alumnos que quizá ahora por su situación laboral o familiar no practican Judo físicamente en el club, pero siguen manteniendo su condición de judokas y la relación con su club y su profesor, y están deseando que sus hijos tengan la edad para que puedan incorporarse en las clases.

Y lo que si podemos hacer los profesores es asumir la obligación de afrontar nuestras clases con ilusión cada día. Tratar de conseguir que mediante el Judo, y en algunas edades todo es Judo, los niños lo pasen bien, se sientan importantes y que la sesión se les haga y se nos haga corta.

En estos últimos años, he tenido y tengo alumnos que por estudios o por motivos laborales, se han trasladado y han vivido un tiempo en otras ciudades de España, como Barcelona, Canarias, Madrid, Valladolid… o con el programa Erasmus en otras capitales de Europa, y cuando se han dirigido a un club o un centro de Judo han sido acogidos siempre por el profesor de Judo y por sus compañeros con verdadera hospitalidad, encontrando enseguida un núcleo en que apoyarse y moverse a “modo de familia”.

La deuda que tenemos los que hemos hecho del Judo nuestra vida y el mejor regalo que los profesores de Judo podemos devolver al Judo, es ampliar la familia del Judo y para eso tenemos que conseguir que los alumnos que pasen por nuestras manos guarden un buen recuerdo del Judo.

Porque si guardan un buen recuerdo de cuando hicieron Judo, su personalidad quedará marcada y queriendo o sin querer, conseguirán mediante su forma de actuar, transmitir valores y harán que sus hijos, sus amigos y los hijos de sus amigos tomen parte de esta actividad y se incorporen en este engranaje que se genera y lleguen a formar parte de esta familia que resulta ser el Judo.