José Ángel Guedea Adiego
8º Dan de Judo

El pasado verano, mi amigo y socio Jesús Sánchez y yo, sintiéndonos ya mayores, y aunque gustándonos y disfrutando de lo que hemos estado  haciendo durante más de 50 años, decidimos que nuestros alumnos merecían tener un Profesor joven, que se implicase, se moviera con ellos e hiciera todo lo que nosotros hemos hecho durante nuestra vida, pero que ahora, al vernos mayores se nos hace grande  y nos cuesta hacer.

Y pensamos en que a nuestro alumno David Crespo, que está con nosotros desde que tenía tres años, ahora Entrenador Nacional y 4º dan, y habiendo terminado sus estudios, es licenciado en Psicología, e implicado en el club, le podría interesar.

Se lo expusimos, le pareció bien, llegamos a un acuerdo y desde que empezó el curso el mes de septiembre, se ha hecho cargo él, del club. Esto ha implicado que ni Jesús ni yo durante este trimestre hemos impartido clases.

David sabe que ha contado y que cuenta con nosotros pero por no violentarle, no hemos pasado por el club durante las sesiones.

El club de Judo Las Fuentes siempre ha vivido la Navidad de una manera especial. Al llegar diciembre, el puente de la Inmaculada, el club se vestía de Navidad. Se adornaba la puerta, se montaba el árbol con un belén en la base, y la música que se escuchaba de fondo pasaban a ser villancicos.

Al principio se aprovechaba la semana de Navidad para realizar en cada grupo una competición de Navidad, y en cuanto comenzaban las vacaciones se doblaban las sesiones y se realizaban entrenamientos especiales de correr, musculación y Judo por la mañana para seguir la rutina normal de clases por la tarde.

En la clase de pequeños, 4,5,6 años que hacen un día a la semana, se realizaba la sesión a modo de exhibición, invitando a los padres a asistir, montando alrededor en la sala bancos, de manera que familiares, padres y abuelos pudieran estar con cierta comodidad viendo a sus judokas.

Y para los adultos, el plato fuerte, no por el trabajo a realizar, sino por el momento y el esfuerzo que implica madrugar, la dificultad era y es, el kangeiko. Cuando empezamos ya lo escribí en el artículo de “porqué el kangeiko de Las Fuentes, llegó a durar una semana, y con el tiempo lo bajamos a tres días haciéndolo terminar siempre el día 24.

Este año hacia finales de noviembre, cuando me reuní con David, como era su primer año de responsable en el club, le pregunté como se planteaba él la Navidad en el club, y me dijo que al él le gustaría que siguiera siendo como había sido siempre.

Me presté a colaborar con él y me dijo que le gustaría que me ocupara yo como había hecho tantos años, y que él estaría conmigo para ir viendo y adaptándose a los acontecimientos.

A lo que yo de alguna manera me comprometía, era a montar la Navidad en el club, ayudar en el montaje y la exhibición de los pequeños, y a la organización del kangeiko.

Y a lo hecho pecho. El puente de la Inmaculada, con mi amigo Carlos García, como desde hace años hacemos, fuimos a un vivero comprar el pino y llevarlo al club donde nos esperaba David para ayudar en el “desembarco”. Y ese mismo puente quedó el árbol montado y el club vestido de Navidad.

La siguiente actividad que a mi me “suponía esfuerzo”, era la exhibición de pequeños, que aunque la iba a desarrollar David, había que preparar la sala, poner plásticos alrededor  para que los papás pudieran pisar el tatami sin tener que descalzarse, sacar los bancos de los vestuarios para colocarlos alrededor, en definitiva montar el escenario para que los pequeños pudieran desarrollar su sesión con “normalidad” delante de los suyos.  

Y el miércoles 17, delante de papás, abuelos y familiares, David consiguió, que sus niños mediante juegos, ejercicios y movimientos de Judo, pero sobre todo exhibiendo orden, respeto, y disciplina, hiciera que, los que asistieron salieran entusiasmados de ver un espectáculo donde sus pequeños además de pasárselo bien, se sabían comportar. Y todo fueron parabienes.

Ya solo quedaba el kangeiko. Del kangeiko este primer año, David me había pedido que me hiciera cargo yo.

Como todos los años puse el “cartel anunciador”, para que los que fueran a asistir se apuntaran. El hecho de apuntarse es por tener un control de los que vayan a poder venir, de conocer el número para poder preparar un detalle para cada uno de recuerdo del kangeiko, y de fijar el compromiso al apuntarse de que van a asistir.

El cartel se puso el puente de la Inmaculada y en esta ocasión parecía que no se iban apuntando como otros años, sino más lentos. Finalmente, apuntados habría una cuarentena más o menos. Los días 22, 23 y 24 de diciembre. La hora a las 6’30 de la mañana, y de alguna manera yo iba pensando y organizando ideas y contenidos que iba a desarrollar en cada sesión, para que este primer kangeiko de David saliera adelante. 

Las predicciones meteorológicas habían previsto en Zaragoza los días más fríos del año.

Yo, agobiado por la responsabilidad de que saliera adelante, conforme se acercaban las fechas y comentaba con amigos y alumnos mi intranquilidad, todos me decían: “pero si llevas un montón de años haciendo esto…” Y si, pero esta vez era distinto. Desde junio yo ya no me enfrentaba a una sesión de Judo, ya no tenía esa responsabilidad, y ahora de repente “me había metido en una…”

Y el día 22 hubo unos 40. El día 23 unos 50, pero es que el día 24 hubo en torno a 80. Existe una foto que lo documenta. Y… ¡a las 6’30 de la mañana!

Y como digo yo todos los años al terminar y hacer el saludo también dije: “Esto lo cuentas y no se lo cree nadie”.

Y terminado el kangeiko, contento y satisfecho por como se ha desarrollado todo.

 Ahora ya tranquilo, pasadas las Navidades.