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José Ángel Guedea Adiego

8º Dan de Judo - Árbitro Nacional - Maestro Entrenador Nacional

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 “Me siento especial”, dice Pepe. Pepe es un infantil, tiene 13 años, pero es infantil…, infantil. Y dice que se siente especial cuando durante la sesión me dirijo a él para realizarle un encargo, encomendarle una misión…, el caso es que se siente especial y lo manifiesta.

El grupo de pequeños del club desde hace muchos años lo imparto yo. Miércoles por la tarde de cinco, seis años, alguno de cuatro.

Desde que entran en el tapiz y mientras se incorporan todos, son unos veinte, esperan saltando a la comba, y cuando considero que están todos comenzamos la sesión. Durante la clase al realizar ejercicios, contamos todos juntos “en bajito” en japonés hasta diez: ichi, ni, san, shi…

Luego pregunto si alguno quiere hacerlo solo, y de los que levantan la mano, indico a uno que lo hace tomando el protagonismo. Pregunto si alguien sabe contar en español. Extrañados, levantan la mano casi todos y digo a uno de los más pequeños, que lo hace con timidez.  Pregunto quien quiere hacerlo en francés, y entramos en una huelga de brazos caídos. Ahora bien, digo en inglés y vuelven todos a levantar los brazos. Y a cualquiera que elija, con una pronunciación impecable del two, cuenta hasta diez en un inglés más que correcto para su edad. Hace unos días pregunté si en alemán, y ante mi sorpresa, Aaron, un pequeñín de cinco años, levantó la mano y contó hasta diez en alemán.

Indagué el porqué de su conocimiento en alemán y me dijo que su colegio era bilingüe en alemán. Desde entonces Aaron tiene en la sesión de Judo sus “diez segundos de gloria”, porque cada día el que cuenta en alemán evidentemente es él.

Hasta aquí el tema lingüístico de la sesión de pequeños.

Esta sesión se desarrolla los miércoles a las 6 de la tarde. Mi alumno David Crespo, que va a entrenarse después, por una cuestión de sus horarios llega al club pronto, se pone el judogi y pasa al tatami. Y por supuesto yo lo presento. Lo siento frente a ellos: “se llama David, es cinto negro tercer dan, es Profesor de Judo y además estudia psicología”.

Explico que David ha tenido interés en venir a verlos por lo bien que le he hablado del grupo y que tenemos que hacerlo todo muy bien para que se lleve una buena impresión.

Digo el nombre de cada uno de los pequeños y luego pregunto si hay alguno que se sienta capaz de decir el nombre de todos los que estamos allí. Y siempre hay alguno. Una vez todos “presentados y conocidos”, pasamos a mostrar nuestras habilidades.

Pregunto si alguno quiere saltar delante de David para que David juzgue lo bien que lo hace. Motivados por la presencia de David, todos quieren demostrar su progresión.

Sale uno, pasa la prueba y luego pido a David que nos haga una demostración de cómo salta un tercer dan. Y David se sale. Empieza despacio, sube el ritmo, va rápido, combina con saltos dobles, con cruces de brazos… toda una exhibición.

Cuando para, cuento que David empezó a saltar como ellos. Con tres, cuatro años pasando la comba y luego daba un paso…

En la siguiente sesión observo que en el momento de llegar, cuando saltan, algunos tratan de imitar lo que hizo David, y Cesar de cinco años, hasta el momento algo torpe,  salta seguido, rápido, estirado, “como David”. A partir de ese día Cesar tiene su momento de gloria también.

Hasta aquí el tema de las cuerdas.

Alguno leyendo esto pensará: muchos saltos con la cuerda, muchos nombres y ¿Judo cuando hacen?

Ahora toca alardear del Judo que hacen mis niños delante de David. Sale una pareja y los dos hacen hiza guruma,o soto gari y uki goshi.

Luego todos repiten y van cambiando de compañero. Motivados por la presencia de David hacen los movimientos con todo su interés.

Y si antes he alardeado de David delante de los peques, ahora me toca alardear ante David, del buen proceder y del comportamiento de mis pequeños.

David imparte clases de Judo y conoce la dificultad que a veces tenemos los Profesores de Judo para controlar la sesión y que los niños aprendan, y aprecia la situación.

Con motivo de la preparación del paso de grado en Zaragoza el pasado mes de diciembre, los que preparaban su examen con su uke, han venido antes para preparar su grado.

Los miércoles, han entrado durante la sesión de pequeños y como hago habitualmente los he presentado.

Colocados en la fila frente a los mayores nombro a todos mis niños.

A continuación nombro a los mayores, indico su grado, su nombre y el motivo de estar allí. Cuento que también fueron pequeños y estuvieron en la fila y ahora son lo que son. De cada uno digo a que se dedica. Todos son Profesores de Judo y además han competido y en su momento sacado medallas regionales y nacionales.

De Daniel Requena que se presenta a 5º dan digo que es Profesor de Educación física en un colegio.

De Saúl Nafría que es ingeniero y es el que se encarga de poner el tranvía en la vía cuando descarrila, no con sus brazos, sino diciendo a las grúas de donde tienen que engancharlo.

De David Crespo, al que ya conocen, además de ser “muy buen Profesor de Judo”, consiguió un día que uno de mis pequeños que no hacía bien la caída, llegara a hacerla, estudia psicología.

De Jonatan Crespo, hermano de David, que ha estado en Francia un tiempo y se entiende perfectamente en francés.

Luego pregunto si hay alguno capaz de decir el nombre de todos los que estamos sobre el tapiz…

Porque entiendo que es importante que se conozcan. Que los pequeños conozcan a los mayores, que sepan a que se dedican. Se quedan con eso…, que también es Judo.

Les explico que ellos fueron pequeños y les hago ver en que se han convertido para que vean a lo pueden llegar. Porque además siguen haciendo Judo.

Y es la razón por la que los presento. Y los mayores realizan los mismos movimientos delante de los pequeños, para que vean cómo hace Judo un mayor.

A continuación los pequeños motivados porque los están mirando trabajan y realizan una sesión importante.

Y luego practican con ellos. Me gusta ver hacer los mayores con los pequeños, como los cuidan, como los miman.

Habrá quien piense que entre combas, nombres, conocimientos, que es una manera de pasar el tiempo. Entiendo que no. Todo esto da lugar a la máxima enunciada por Jigoro Kano de: “amistad y prosperidad mutua.”

Y yo en medio de todos, puedo alardear de mis dos grupos de niños y de mi mismo.

Agradeciendo a los mayores el hecho de estar allí. Empezaron a practicar, han vivido el club, hecho amigos, practicado Judo. El Judo les ha hecho vivir con más intensidad muchas situaciones. Han tenido que esforzarse por hacer bien, para preparar cinturones.

Prepararse para competir conlleva preparación física, más entrenamiento y más orden en su vida. Más entrenamiento lleva a una mayor relación con sus compañeros, a crear vínculos. Viajar lleva a afianzar amistades, a vivir el deporte, a… ¡Vivir el Judo!

Y vivir el club, conocer a los mayores, lleva a tomarlos como ejemplo.

Me gusta que los mayores conozcan a los pequeños, que vean como se comportan y como hacen los movimientos.

Me gusta verlos juntos.

Me gusta “chulear a tope”, como decía el maestro Chung de mis niños mayores ante mis niños pequeños.

Me gusta “chulear a tope”. de mis niños pequeños ante los mayores.

Me gusta verles contar en japonés o en cualquier  otro idioma que conocen.

Me gusta especialmente oír durante la sesión ¿estás bien?, de cualquiera que se preocupa de otro tras una caída, un empujón o una acción violenta…

Con relación a mi reciente ascenso:

Me gusta la comunicación y felicitación que me hizo el presidente de mi federación José Ángel Hierro comunicándome la concesión del 8º.

Me gusta la felicitación sincera de mis amigos y alumnos.

Me gusta la felicitación que hizo el grupo en la clase de matutinos dirigidos por Carlos Berdejo recién enterados del ascenso.

Me gusta la llamada de teléfono de mi Profesor Ángel Claveras diciendo que tenía que estar.

Me gusta el sms de mi amigo y compañero Manolo Hernández: “Muchas felicidades por tu merecido rojo blanco 8º dan. Respetuosamente. Manolo”.

Me gusta toda la serie de felicitaciones recibidas, unas más sinceras que otras, de mis compañeros y colegas…

Me gusta haber estado en la Gala el pasado mes de diciembre, con tantos “grandes” del Judo español. Amigos y conocidos, volver a verlos, hablar con ellos, reconocer y aceptar que el tiempo inexorable pasa por todos y primavera, verano, otoño, primavera…

Este artículo quizá resulta demasiado personal, pero son mis clases, mis niños y mis alumnos que es lo que vivo cada día y conozco. Seguro que todos los Profesores de Judo podemos sentirnos identificados en nuestras clases, con nuestros niños y nuestros alumnos.

Todos estos “me gustan” los he puesto también de manera personal, pero entiendo que si no todos, si muchos profesores se identifiquen con ellos y quizá debiera haber puesto “nos gusta”, pero he preferido personalizar el texto como hizo Antonio Nacenta en su libro que tituló JUDO, con esta serie de “me gusta”.